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¿Vamos a recuperarnos?

Llevamos cinco años de larga crisis. Cinco años en los que las empresas están sufriendo los duros rigores de una situación particularmente complicada. No sólo bajaron mucho las ventas en muchos sectores, y los márgenes en todos, sino que además los bancos se han convertido en el gran hermano que nos vigila amenazante, no vaya a ser que empeore nuestra situación y nos tengan que cerrar el grifo. Para redondear el panorama, los impagados pueden aparecer en el peor momento para darnos el golpe de gracia.

Qué horror. Ya basta ¿no? Esto tendrá que cambiar tarde o temprano, aunque sólo sea para que podamos vivir un poco más felices.

Yo veo una luz. Es pequeñita, famélica, pero algo ilumina. Recuerdo 2007, cuando en el seno de Crédito y Caución ya se hablaba de la inminencia del cambio de ciclo económico. Aquel año conversé muchas veces sobre esto con propietarios y directivos de empresas. Muchas de aquellas personas me miraban con media sonrisa dibujada en la cara. Como diciendo “qué dices hombre, de qué me estás hablando… Seguro que lo que quieres es meterme miedo para que te compre el seguro de crédito…”. Esto lo escuché un año antes de que se produjera el mayor cataclismo económico sufrido por las empresas españolas. Muchas de las cuales ya no están (includas algunas de las que “sonreían” en 2007).

Pues bien, en 2013 creo que pasa un poco lo contrario. Nadie cree hoy en una mejora de la situación a corto plazo. Pero sí se vislumbran algunos indicios para pensar en 1) probablemente hemos dejado de caer; 2) los mercados financieros están con otro estado de ánimo, optimistas, tanto en EE UU como en Europa (y ya se sabe que suelen anticipar la marcha de la economía…) 3) exportamos más, construimos menos, el empleo inicia una tímida recuperación, dicen que creceremos en 2014…

O sea, que sin hablar de brotes verdes, azules o amarillos, bien podemos pensar en que la tormenta amaina. Y que estamos vivos. Creo que es un buen motivo para sentirnos un poco mejor y motivarnos a nosotros mismos. Si hemos llegado hasta aquí, quizás sea porque no lo hemos hecho tan mal. Así que sigamos por esta senda, sin miedo a obstáculos y sinsabores, convencidos de que sí llegaremos a alguna parte. Es una cuestión de fortaleza y perseverancia.

Parece más cercano el día en que miremos atrás y pensemos, con indisimulado orgullo, “hemos sido capaces”.

¿Me estaré pasando de optimista?

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