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¿Te consideras buen pagador?

Es curioso que siempre que se habla de dinero en algún refrán es para unirlo con el honor, con el “deber hacer”. Un ejemplo: “a buen pagador no le duelen prendas”. En resumen, quien paga bien, con lo que cuesta conseguir esa preciada ganancia, tiene un sello de calidad, una pátina que demuestra honradez. Por tanto quien paga bien, no le duele demostrarlo porque eso tiene sus cosas buenas. La pregunta es ¿tienes tú ese sello?, o sea ¿te consideras buen pagador?

En el caso de una empresa, pagar a los proveedores como corresponde, conforme a los plazos establecidos, conlleva adquirir una fama que motiva la sonrisa y satisfacción de quien te sirve y facilita recibir un servicio bien prestado. Pero tras esa “recompensa” que obtiene el buen pagador, en mi opinión hay algo más importante: una ética personal y profesional que se puede trasladar a un código de comportamiento.

El primer consejo es que debe haber un ánimo cierto de plantearse la pregunta con sinceridad. Un código para conseguir un buen fin no es en ningún caso una herramienta para retorcerla y conseguir en definitiva apariencia de buen pagador, aunque realmente no se sea. Además los proveedores conocen los trucos, y tarde o pronto los descubren.

A la hora de adquirir una serie de bienes o servicios de una empresa proveedora, deberemos pactar con esta claramente cuándo y cómo pagamos. Los procedimientos de pago deben ser totalmente transparentes y después quedar reflejados sin ambages en el contrato o la proforma. Muchas veces en esos documentos nos vemos tentados de introducir letra pequeña, cláusulas enrevesadas que podamos invocar conforme a nuestro interés. Las condiciones de pago deben aparecer claramente, así todos sabemos en qué campo jugamos y qué reglas aceptamos.

Pero ahí no acaba todo. Si el mundo consistiese sólo en crear leyes justas sería casi perfecto. Pero la otra parte del trato es cumplirlas. Como clientes debemos atenernos a lo firmado en el contrato y al estricto cumplimiento, claro está, de los plazos de pago establecidos en las facturas u otros instrumentos que hayamos pactado utilizar.

El cliente, es decir, nosotros, no tenemos ningún derecho a buscar recovecos, excusas, iniciar trámites administrativos, etcétera, con el único fin de retrasar los pagos a nuestros proveedores. La transparencia que decidimos aplicar en el contrato, se tiene que mantener siempre. También es bueno recordar que no deberíamos hacer lo que no nos gusta recibir. Toda empresa es cliente y proveedor a la vez.

Repasemos una vez más el código que nos llevará por el buen camino del pagador:

Primero: Informar de cómo pagamos y pactar claramente con el proveedor
Segundo: Plasmarlo con todo detalle y sin confusión en el contrato o proforma
Tercero: Cumplir

En fin. Acudiendo de nuevo al refranero, diremos que “dar cuenta clara con paga, es de persona honrada”. La transparencia y el cumplimiento de la palabra que hemos dado es el camino. La buena relación con los proveedores y su servicio fiel, la recompensa. Pensémoslo antes de dejarnos tentar por las malas prácticas.

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