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Por qué aceptar cobrar con retraso

Cobrar con retraso tiene consecuencias. La principal es que genera pérdidas. No es del agrado de nadie cobrar sin puntualidad, pero sucede demasiadas veces. Y tanto es así que muchas empresas lo aceptan, resignadamente, como un mal menor. Lo importante es que al final cobramos, piensan.

Muchos empresarios sólo piensan que han sufrido un impagado cuando el deudor ha quebrado, presentado concurso o desaparecido del mapa. Cuando ya es evidente que no hay remedio. Y mantienen otros saldos impagados en su contabilidad pensando -autoengañándose- que, tarde o temprano, cobrarán. Hay un factor psicológico importante y que está en el origen de numerosos desengaños: como tengo el derecho de cobro, no concibo que no termine recibiendo mi dinero, que es lo justo.

Pero pensando así estamos asumiendo pérdidas, decíamos. Se incrementa el coste porque necesitamos financiar el retraso de nuestros clientes. Y eso sin hablar de la incertidumbre, o de nuestro coste en personal encargado del recobro o del seguimiento.

En España, más de la mitad de las empresas sufren retrasos en los plazos de pago porque así se lo piden abiertamente sus clientes. Bien por prevalencia o superioridad del deudor frente al proveedor, bien por deficiencias en la negociación comercial previa, que no ha dejado claras las condiciones de pago.

Es decir, muchos deudores intentan pagar más tarde y persiguen un nuevo pacto más ventajoso para sus intereses financieros. Se estima que más del 40% de los proveedores que reciben esa petición acceden. Son las empresas multinacionales las que más presionan a sus proveedores para que acepten estos retrasos.

La morosidad perjudica seriamente la salud de las cuentas de la empresa. Es necesario gestionar correctamente la cartera de clientes. Desde la formalización de la venta hasta la gestión de los vencimientos de nuestras facturas. Es decir, la morosidad que sufrimos depende en parte de nosotros mismos.

Los seguros de crédito ayudan a seleccionar correctamente los clientes y a establecer una política de crédito adecuada para evitar que tengamos que aceptar retrasos. En última instancia solventa problemas de impago que siempre se pueden producir.

Pero además de todo esto, la coyuntura macroeconómica e internacional también influye. En términos generales el nivel de impagos en España ha comenzado a crecer en 2018.

¿Aceptar cobrar con retraso? A veces no queda más remedio, pero hay que tener en cuenta que la morosidad puede acabar en impago. Por pocos que se produzcan, nunca son inocuos. Algunos estudios establecen en un 0,7% la pérdida sobre la facturación producida por los impagos. Hacen daño a todas las empresas, también a aquellas cuyo músculo financiero les ayuda a resistir.

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