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No me lo puedo creer

Decíamos en otro post que el impagado no avisa. Es cierto. Un día descubres que uno de tus mejores clientes te ha devuelto un recibo y esto te extraña. Coges el teléfono y le llamas.
El contenido de la conversación te ha dejado frío. Hay algo que no te ha gustado nada. Tu cliente, con el que nunca habías tenido un problema, no ha sido capaz de comprometerse a un pago concreto.
De momento no le das mucha importancia. O mejor, no quieres dársela. Por la noche, al meterte en la cama, una idea no deja de dar vueltas en tu cabeza.
¿Qué le habrá pasado? ¿Habrá tenido algún problema y aquí no sabemos nada? Todas estas ideas, todas estas dudas están dando vueltas por tu mente y no te dejan dormir. “Mañana le volveré a llamar y aclararé esta cuestión”.
Antes de la llamada, compruebas que hay otros cuatro recibos en circulación. El riesgo en curso supera una cantidad de euros que te hace temblar, y eso produce una punzada en tu estómago. Se te ocurre llamar a otro proveedor con el que sabes que tu cliente mantiene contacto. Después hablas con tu banco y le preguntas. Al final de la mañana, sabes que tu cliente tiene problemas. Y empiezas a sudar
Y ya calculas las consecuencias que va a tener para tu propia empresa un impagado de más de “tropecientosmil” euros. Piensas que tendrás que hablar con tu banco, que quizás tendrás que retrasar el pago a algunos proveedores. Y la idea no te gusta. Nada.
La historia continúa días más tarde. Te enteras de que tu cliente ha presentado concurso de acreedores. ¿Pero cómo es posible? ¿Y cómo es que no me avisó? Quince años trabajando con él y ahora esto. Tu perplejidad se ha convertido en un cabreo tremendo.
Y ahora te pones a hacer cuentas. ¿Cuanto tendré que vender para recuperar este impagado? ¿Cómo voy hacer para atender los pagos pendientes a proveedores? Tendré que hablar con mis trabajadores porque esto me ha pillado en un momento de baja liquidez. Mis ventas fuertes empiezan el mes que viene y por lo tanto no tendré cobros hasta dentro de al menos 90 ó 120 días.

(…) Desgraciadamente, esta historia se está repitiendo bastante en los últimos tiempos. No te la crees hasta que ocurre. Y cuando te pasa, al principio también nos cuesta aceptarlo. Y, sin embargo, es demasiado real y demasiado frecuente. ¡Abre los ojos! Casi todos estamos expuestos, y es tu obligación poner los medios para protegerte. Lo primero, cambiar de actitud, de manera de pensar. No puedes confiar la gestión de tu empresa a la suerte. Ni siquiera a la intuición, muy importante pero en modo alguno suficiente. Tu negocio no es un juego. ¿Arriesgarías la salud de tu familia? ¿Por qué sí lo haces con tu modo de vida?

Muchos empresarios siguen pensando erróneamente en lo que se refiere a la gestión de sus riesgos comerciales. Algunos casos me resultan increíbles, pero ahí están. Sin embargo, estos últimos años nos han enseñado que las hormigas vencen claramente a las cigarras.

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