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Los 5 yuyus del cobro de deudas empresariales

Me precipito al vacío. O me veo escapando, corriendo desesperadamente porque alguien me persigue. O resulta que estoy desnudo en el centro de una reunión social. Pesadillas típicas que casi todo el mundo ha tenido alguna vez. Los empresarios también las sufren, aunque ellos además padecen otras: un gran e inesperado impagado, que compromete la empresa; o un cliente en quien confié, que ahora no contesta, que ha desaparecido, con mi dinero en su bolsillo; ¿por qué me metí con esta operación, en la que me han sangrado y, encima, me han dejado tirado?… Lo malo de esto es que puede ser real, y librarse de esta sale caro si no se combate desde el minuto cero. Hay varios “yuyus” en este cuento, aspectos muy peligrosos, cinco en concreto.

1. Los sentimientos de confianza

Hay un refrán algo zafio que lo resume, aunque no lo mencionaremos. Tiene que ver con no mezclar pasiones con trabajo. En resumen, que las relaciones personales con el moroso, si son próximas, siempre hacen más complicada la solución: el cobro de la deuda. Si decidimos perseguir al deudor, se termina con la amistad; y si le dejamos cuerda perjudicamos a la propia empresa. Por recurrir a una frase más apropiada a todos los públicos, diremos que la confianza da asco.

2. Times goes by so slowly

Si recurriéramos a la reina del pop, Madonna, podríamos pensar en que “el tiempo pasa despacio”. Y no es cierto cuando aparece un impagado. Y, además, pesa como una losa en las finanzas de nuestra empresa. El moroso tiene un problema si tarda en pagar, sí, se va cargando con una bola por los intereses de demora, etcétera. Pero el problema es mucho mayor para el proveedor, que ve alejarse la solución al problema día a día. La ecuación es la siguiente: cuanto más tiempo pase, menor probabilidad de cobro. Si pasan tres meses, las posibilidades de recibir el dinero bajan del 50%. Si transcurre un año, son prácticamente nulas.

3. La propia desorganización

A los políticos se les suele pedir que dimitan, tanto si participaron en un escándalo que les salpica como si no se enteraron de nada. La desorganización cuesta dinero. Mucho. Y una de las causas recurrentes del propio fracaso empresarial. Hay morosos muy bien preparados que sólo atienden a quienes reclaman bien sus deudas. No hacerlo nos da muchas papeletas para ser víctimas del impago.

4. Esperar a que el mal esté hecho

Hay procedimientos que ayudan a evitar los impagos ¿por qué no ponerlos en marcha? Un sistema de aviso de cobro antes del vencimiento es una buena solución para advertir a esos “olvidadizos” comunes. También una carta reclamatoria, mejor si viene avalada por nuestra compañía aseguradora. Seguro que con un porcentaje de morosos funciona y así, con estos, evitamos el problema de tener que actuar, es decir, de reclamar la deuda, cuando efectivamente se ha producido el impago.

5. Personal sin formación en recobro

No tener el personal adecuado pasa factura. ¿Pondríamos a manejar una máquina en nuestra industria a alguien sin formación ni experiencia? Es obvio que no. Pues con la gestión de cobros pasa lo mismo. Para recuperar los impagos debemos colocar a los profesionales adecuados y que estos se dediquen el tiempo necesario a esa tarea. Y reconocerles su trabajo, a menudo ingrato. Suele ser común que quienes se encargan de ello tengan encomendadas muchas otras tareas, y eso es un fallo organizativo importante. El recobro es la última gestión que muchos eligen y casi nadie es consciente de lo rentable que puede ser.

Estos cinco “yuyus” pesan mucho en demasiadas ocasiones. Deshacerse de ellos, alejarlos de nuestro horizonte, está en nuestra mano. Combatámoslos para asegurar la supervivencia de nuestra empresa.

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