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La pyme sufre más que nadie el cobrar tarde

Nada menos que 27.000 millones de euros es el montante de la morosidad que ha sufrido la pyme en España en 2017. La cifra es la suma de todas las facturas que han sido cobradas tarde, incluidas las que finalmente han resultado impagadas (el 8%, o sea, 2.160 millones). España está en la champions de los morosos, con un 12% de las facturas emitidas que no son atendidas en plazo, frente a un 10% de media en otros países europeos. Esta situación afecta a las inversiones, al pago a proveedores e incluso al abono de las extras a la plantilla. Y, en buena medida, es fruto de una cultura de empresa cuestionable.

El problema afecta más a las pymes que a las grandes empresas, pues en muchos casos aquellas basan el desarrollo de sus operaciones no tanto en sus propios recursos, muchas veces escasos, sino en los flujos de caja, lo que significa que la reducción de este flujo generada por los cobros recibidos tardíamente limita las inversiones y dificulta el pago a proveedores y a las propias plantillas.

Las pymes tienen, además, otro grave problema “mental”: en general, se resisten a reclamar a los deudores las facturas impagadas. Se sigue creyendo que si uno reclama en tiempo y forma va a perder al cliente. Parece que ser resistente a la morosidad te hace más competitivo. Mantienes al cliente si le dejas pagarte tarde. Es el mundo al revés. Creo que esta manera de pensar está profundamente equivocada.

Las pymes deberían estar preocupadas en hacer crecer su negocio, en conseguir clientes solventes y cumplidores, en mejorar sus procesos y productos, no en pensar tanto en cuándo recibirán su dinero.

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