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El retorno del monstruo (¿2007 reedición?)

La economía española sigue creciendo, pero desde inicio de 2017 los impagados también. En mi despacho lo estamos viendo claro (y en Crédito y Caución también). No hemos vuelto a 2007, pero algunos de los indicadores de entonces se están reproduciendo ahora. Bajo una algo engañosa atmósfera de “estabilidad”, algunos “monstruos” permanecen. Se vende, sí; pero resulta que a veces el riesgo de impagos vuelve a estar por las nubes.

De hecho no pocas empresas que ante los papeles eran rentables y prósperas se han ido a la ruina por haber cedido demasiada confianza al cliente de turno, que siempre ha pagado bien, que viene con grandes pedidos pagaderos a 90 días, a 150 días, ¡a 180 días!. ¿Quién nos asegura que, en cualquier momento, el deudor no se pueda caer, nos pueda fallar? ¿Y qué haremos entonces?

Estoy viendo de nuevo a empresas, buenas empresas, que mantienen riesgos elevados con clientes importantes y no se plantean un cambio de estrategia, a pesar de que ese “cliente importante” padece fuertes tensiones financieras y el futuro de su negocio presenta elevadas incertidumbres.

Se fían únicamente de que “está pagando bien”, de que “siempre lo ha hecho”, y no valoran –o no quieren hacerlo- que se trata de un enfermo asistido por un banco o por un fondo de inversión que venderá la empresa a la primera de cambio o la abocará al concurso para no seguir perdiendo dinero.

Digamos que, en el mejor de los casos, se confía en exceso o se peca de ingenuidad. Y en peor, se aplica una política de avestruz poco recomendable.

Celebrar una venta es algo sano, pero antes de aceptar la orden, antes de continuar con los suministros, hay que realizar la oportuna evaluación; y si no se aplican los medios o conocimientos pertinentes, es hora de poner remedio, antes de que la ola se lo lleve a uno.

Una solución es el seguro de crédito, que podría marcar la diferencia entre salir airosos de una situación compleja o tener que echar la persiana (pudiendo incluso generar deudas que nos lastran durante años). Y, encima, con el problema añadido de que los empleados se queden sin trabajo por una mala decisión. Y que a nosotros nos cae un estigma del que no nos libraremos fácilmente. No es justo, ¿verdad?

En Sanz Consulting podemos ayudar. ¿Hablamos?

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