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El fraude (1): recomendaciones para evitarlo

El fraude siempre ha estado presente en las operaciones comerciales, proporcionando en ocasiones serios disgustos a las víctimas del desaguisado. El clásico “nazareno” o el moroso recalcitrante y experto en dejar “pellas” han proliferado en mayor o menor medida en los últimos años.

Algunos casos “de libro”:

-cliente que presenta en el Registro cuentas razonables (casi siempre con datos falsos), con el objetivo de que los proveedores confíen o de que las aseguradoras les concedan crédito. Incluso a veces llegan a contratar una póliza para generar confianza, de la que sólo pagan el primer recibo…

-“comprador” que usurpa la identidad de un cliente. El proveedor estudia la solvencia de un cliente real, obtiene la cobertura del seguro o el parabién del informe comercial. Pero cuando realiza la venta y después llega el impagado se encuentra con la sorpresa. El cliente en realidad no ha comprado nada. El estafador se ha hecho pasar por quien no es, ha “colado” una dirección de entrega falsa, también se ha pertrechado de sellos y documentación falsificada para firmar los albaranes y, tras recibir la mercancía en un local alquilado, se ha marchado dejando sólo humo.

-moroso recalcitrante y/o experto que, tras dejar víctimas en el pasado con otras empresas, se hace con una sociedad preexistente y normalmente inactiva o con poca actividad y comienza a hacer compras a proveedores, con importes no muy elevados. Eso sí, la sana intención es no pagar.

Hasta aquí, algunos ejemplos de lo clásico. Los proveedores expertos y con sentido común no suelen caer en la trampa. Recelan de determinados perfiles de clientes y, en caso de duda, siempre piden prepagos con descuento y/o confirman las direcciones de entrega con la empresa.

Pero últimamente me ha llamado la atención un cierto incremento en casos y, sobre todo, la sofisticación de algunos de ellos, que hacen muy difícil atajar estas prácticas y librarse de sus consecuencias. Ojo, pues, a algunas normas básicas que toda empresa debe tener en cuenta para no encontrarse con una estafa en toda regla que le cueste mucho dinero.

Y no olvidemos que las estafas son estafas. En el ámbito del seguro de crédito, no son propiamente impagados, por lo que tampoco encuentran amparo en las pólizas de seguro. A la víctima sólo le queda la policía y los jueces, y rezar para que pueda recuperar algo.

Algunas recomendaciones básicas

1) Especial atención a la dirección de entrega de la mercancía. En el caso de un cliente asiduo, cualquier cambio en la dirección habitual de entrega debe cotejarse con fuentes conocidas. Si el cliente es nuevo, es obligatorio confirmarla, bien en internet o a través del comercial. O incluso llamando directamente a la empresa.

2) Derivado de lo anterior, conviene fijarse en si el pedido ha sido enviado desde el cliente. No cuesta nada, en caso de duda, llamar a la central y cerciorarse

3) Implicar al personal comercial, que conoce físicamente al cliente. Es quien tiene mayores posibilidades de detectar anomalías

4) Ojo a los dominios de internet. Revisemos siempre que el mail con el pedido nos lo envían desde una dirección correcta (a veces, las direcciones falsas no coinciden por una letra, así que hay que fijarse bien)

En mi siguiente entrega, les hablaré sobre una especie de estafas más sofisticadas que les pueden sorprender.

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