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El fraude (y 2): una amenaza cada vez más sofisticada

 

Las nuevas tecnologías nos han traido muchas ventajas en el trabajo diario. Pero también les ha facilitado a los delincuentes la tarea. Vayamos con dos ejemplos, que son curiosos:

Caso 1. Empresa española importadora de productos alimenticios. Recibe un correo electrónico de uno de sus proveedores estratégicos indicando que determinadas facturas deberán pagarse a una cuenta bancaria diferente a la habitual (y, si te fijas bien, en un país diferente). Lo sorprendente es que quien firma el mail es la persona habitual, con el grafismo habitual en el diseño del mensaje, logos , etcétera. Además, los datos de las facturas son reales y exactos (número de factura, referencia, importe, vencimiento, etc). Y, por último, el dominio utilizado por el estafador es casi idéntico al real (ejemplo, cambia info@empresa.uk por info@empresagroup.uk).

Si la empresa española no se da cuenta y paga las facturas en esa cuenta, seguramente perderá su dinero. El estafador puede estar en cualquier lugar del mundo y será muy difícilmente detectable. Existen sistemas para enviar mensajes por internet y ocultar la procedencia. También es relativamente sencillo abrir cuentas en determinados países y operar con ellas en la red.

¿Qué explicación se les ocurre? O bien el delincuente ha recibido la información de personal infiel del proveedor, o bien es un hacker que ha logrado penetrar en sus servidores. ¿Impensable? Creo que no.

Caso 2. Ojo con las bolsas de transportes. Este mecanismo es muy útil para cargadores y transportistas, pues cuelga en la red la oferta y demanda de cargas disponibles. Obviamente, para participar en ellas, unos y otros deben estar debidamente registrados y entendemos que tendrán que acreditar seriedad, solvencia y buenos hábitos. Quien no cumple lo acordado, quien no paga, es literalmente expulsado y no tendrá nuevas opciones de concurrir.

Sin embargo, estamos viendo casos en que el estafador obtiene la información sobre cargas disponibles y se ofrece como falso transportista al cargador. Le envía por fax o por mail la documentación habitual -falsa- que acreditaría su condición de transportista y disponer de la documentación pertinente en regla. Sin embargo, el cargador, si en el fragor del trabajo diario, no comprueba que el transportista está dado de alta en la bolsa, puede estar dando su carga a un ladrón, que recogerá la mercancía en origen pero nunca la llevará a destino. El camión estará probablemente alquilado y, tras el golpe, los ladrones desaparecen. Y en el caso de cargas completas podemos estar hablando de bastante dinero.

Las posibilidades de recuperación son remotas. Hay que poner el caso en manos de la policía y rezar.

 

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